lunes, 15 de julio de 2013

Taller de Escritura (2) - Cupido y ruiseñores

Hoy vengo un poco más tarde trayéndoles está entrada, pero al menos la traigo :P
Otra vez, escribí la hora de corrido y acabo de terminar el relato. Esta vez la inspiración fue la frase, porque la letra de la canción me confundía, y soy alguien que escuchar solamente la melodía me suele dejar con la mente en blanco, la mayoría de las veces, y por eso busco el significado.
La frase en la que me inspiré fue...


"Pero tú no naciste para la muerte, ¡Oh, pájaro inmortal!"

 Cuando regresé a aquella casa, una angustia invadió mi corazón. Nada era como debía ser. Ella no estaba ahí para recibirme. Corrí escaleras arriba y me lancé a la cama, a su lado. La abracé, ahogue sus sollozos con mi pecho, la sentí removerse entre mis brazos, pero no la solté.
¿Por qué…? ¿Por qué debía ser ella la que sufriera de aquella manera?
Ella, con sus rizos dorados, dignos de cualquier princesa de cuento de hadas. Ella, con esa plática fácil y risa contagiosa. Ella, siempre tan especial para mí.
"¡No llores!" Quería gritarle, pero ella no merecía más que palabras dulces y suaves caricias.
-Ada, lo siento… Lo siento tanto.
La abracé con mayor fuerza y solo entonces soltó su llanto como no había podido en todos esos días.
Por egoísmo me había ido de aquella casa, donde sentía que mi verdadero yo moría a cada segundo que se deslizaba al ritmo del caracol. Por egoísmo la deje atrás, y es que en esos momentos no sentía tener fuerzas suficientes para llevarme a nadie conmigo.
"¡Lo siento tanto, te deje morir en mi lugar, a lo único que me mantuvo viva mientras estaba aquí!"
Con ese pensamiento la arropé bajo las cobijas, viéndola dormir con una expresión de suma tristeza, aún entre sueños.
"Sabes que te quiero, ¿verdad? Cuando llegué, tú fuiste mi sol, mi ancla al mundo, mi brisa de felicidad. Lo siento, no fui lo suficientemente fuerte para volverme lo mismo para ti, y termine creyendo que eras parte de mi veneno."
Salí de su habitación, cerrando con llave desde afuera.
Aquel mecanismo era obra de la maestra de la casa. Todavía llevaba el duplicado que logré sacar una tarde de siesta en que se descuidó. No podía protegerla del jefe final, pero los demás caudillos no tocarían a la princesa.
-Has regresado.
Y probablemente ella sabía que los caudillos no serían suficientes, porque ahí estaba, sin rodeos. Piel olivácea, sin ser precisamente hermosa, cabellos cafés lacios y sujetos en una coleta baja, alta y de porte erguido, con un vestido liso que se ajustaba en la cintura y seguía cayendo hasta las rodillas.
-He regresado para llevármela.
-No puedes. Todavía es menor de edad.
-¿Crees que no puedo esperar?
-Sé que no puedes llevártela, porque siempre has sido bocafloja. Avisaste de tu regreso, y has avisado de tus planes.
-Negarlo nunca ha sido útil cuando se trata de ti. Siempre sabes lo que pasará, siempre supiste que yo regresaría.
-¿A dónde irías sin ella? ¿Dónde estarían todos ustedes sin esa puta?
Ante aquel insulto, no pude contenerme para tomarla de ambos brazos y azotarla contra la pared, pero ella no se inmunito en lo absoluto.
-¡Ella no es ninguna "puta"! ¡Solo te has aprovechado de ella y su buen corazón, por eso es que no ha escapado por sus propios medios!
-Es una idiota que sabe utilizar sus escasas neuronas para saber hacerse ver como la víctima.
Mi mano impactó contra su mejilla de tal manera que el lado contrario de aquel rostro frío y cruel termino golpeando contra la pared.
-Serpiente rastrera, no te atrevas a hablar de Ada de aquella manera.
-Pudiste hacer muchas cosas haya afuera, pero estoy segura de que la preocupación y la culpa de dejarla atrás te impidió todo avance, ¿me equivoco?
-No sabes lo que pudo haber sido. -le dije, sintiendo escalofríos subir desde la parte baja de mi columna. Porque una voz en mi interior me decía que aquello era verdad.
Con una sacudida logro que la soltara y se separó de mí.
-Esa niña no saber hacer nada más que lucir bonita y lamentable. Si la llevas contigo, nunca lograrás nada más que un empleo promedio y una vida monótona. Y algún día, te arrepentirás y la odiarás.
Se alejó, solo dejando el eco de sus palabras.
La que la parió. Ada era mi vida, no podía dejarla atrás.
Baje las escaleras para recoger mi equipaje, que seguía tirado en la entrada.
El silencio de aquella casa-hogar siempre había sido terrorífico. Porque ella siempre se había encargado de matar el alma de todos. Todo llegaba a parecer más normal, menos frío y vacío, porque Ada estaba en la casa para sacar a todos de sus cuartos, reunirlos en la sala, en el patio, en el comedor…
Pero hoy Ada también estaba al borde de la muerte.
Porque Ada había entregado su corazón, y este había sido cruelmente destrozado, todo por Cecilia.
Subí a mi antigua habitación de aquella casa, en el tercer piso, y no me sorprendí al ver que todavía no había sido ocupada. Cecilia siempre supo que regresaría, y esta era su manera de recordármelo cada momento que durara mi estancia.
-Thalia…
Una suave voz me sacó de mis pensamientos y me hizo voltear hacia la puerta, donde estaba un chico de aproximadamente trece-catorce años.
¡Cuánto había crecido! Estaba tan guapo, y no tan delgado como para preocuparme. Quise abrazarlo, pero su expresión seria no admitía esa clase de cariños, y menos de alguien que lo había abandonado tres años atrás.
-Héctor, te extrañe.
Solo esas palabras parecieron descomponerlo y dio un paso antes de volver a poner en su rostro una expresión recelosa. Estaba herido, y suspiré, dolida.
-¿Qué pasara con Ada?
Era doloroso solo pensar en decírselo, pero no podía volver a repetir la misma acción que la primera vez que me marché.
-Me la llevaré lejos de aquí.
Su rostro se relajó y me miró con una sonrisa en los labios y la tristeza en los ojos, pero al final, me sonreía sinceramente.
-Yo protegeré a todos. Thalia… -entró al cuarto con pasos decididos hasta colocarse frente a mí, y dudo un momento, para luego abrazarme- Gracias por volver, y… por cuidarnos todos estos años y… y…
Su voz había comenzado a fallar y pude sentir sus lágrimas caer sobre mi hombro, pero no dije nada.
Conocí a este niño realmente muy poco, pero le había ganado mucho cariño, y él a mí. Saber que él perdonaba mis acciones, conociendo su carácter, me hacía sentir tranquila y segura de que el resto de los niños lo harían.
Los siguientes días fueron pacíficos y llenos de tensión. Mientras observaba a Cecilia, me daba cuenta de que ella no detendría nuestra partida. De todos modos no habría manera, mañana, tanto Ada como yo seríamos mayores de edad.
Los niños me ayudaron a entender mejor lo que había sucedido.
Hace unos meses había llegado un nuevo hombre, un viejo muy rico que deseaba patrocinar la casa-hogar, pero tenía sus reservas. Reservas que desaparecieron al conocer a Ada. Cayó rendido a sus pies, y Ada también se enamoró. Cecilia aprovechó estas emociones para sacarle el dinero al viejo por su lado, pero este malinterpreto de tal manera la situación que terminó creyendo que Ada estaba incluida en el plan.
Al final, abandonó a Ada y retiró su apoyo a todo el lugar.

-Ada… vámonos. -toqué suavemente su puerta y espere a que respondiera. No lo hizo.
Volví a tocar más fuerte, y hablé más alto.
Todavía no había respuesta.
Nerviosa, abrí la puerta y la vi… las pastillas regadas a un lado de su almohada, el frasco en el suelo, y ella sentada en la cama, con la misma triste expresión que había tenido todo ese tiempo mientras dormía.
-Al parecer, utilizó sus neuronas para algo más que lucir bonita y lamentable.
Escuché su fría voz a mis espaldas, y antes de poder racionalizar mis acciones, ya tenía mis manos alrededor de su cuello. Voces gritaban a mi alrededor, pero yo no veía nada aparte de ella. Nada más que la cara de Cecilia poniéndose cada vez más blanca.
Antes de que pudiera evitarlo, los chicos más grandes que vivían ahí me habían separado de ella y me sujetaban para no volverla a sujetar.
-¡Es tu culpa!
-No sé de qué hablas. Solo le dije la verdad, que era su culpa que la casa-hogar fuera a ser clausurada, que por su culpa tú nunca saldrías del papel de ser una asalariada más, o de vivir en el orfanato. Era solo un peso muerto para todo el mundo, uno que nos arrastraba con ella. Lo menos que podía hacer era regresar a donde pertenecía, ¿no? Con los muertos.

Yo sé que Cecilia odiaba a Ada, porque le recordaba a su propia hermana que murió hace ya tanto tiempo.
Yo sé que Cecilia velaba por mí porque le recordaba a ella misma hace ya tanto tiempo.
Amaba a su hermana, pero también le tenía mucho odio y rencor, porque por cuidarla tuvo que dejar ir tantas oportunidades. Estaba enferma y solo se tenían la una a la otra, pues sus padres habían fallecido.
Finalmente, se sintió libre cuando esta falleció, aunque ya era muy tarde para recuperar todas esas oportunidades.
Simplemente quería que para mí no fuera muy tarde.
Bueno, muchas oportunidades no se presentan desde la prisión, ¿verdad?



Espero les guste, yo estoy feliz de por lo menos escribir más seguido y sé que la práctica me ayudara, así que estoy feliz de esto, y tener un compromiso que cumplir (a media en realidad, porque no me he pasado por el blog de otros T~T) me ayuda ^^
Pienso pasarme poco a poco a otros blogs, pero la verdad es que también llego a sentirme intimidada _~_ Así que paciencia a quien lea esto, soy alguien muy cobarde.

2 comentarios:

  1. Me ah encantado tu relato, y también el hecho de que idearas todo esto de una simple frase. Un beso.
    Itzyta.

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  2. Me gusta la intensidad que manejas, sólo te recomendaría trabajar los diálogos, hay momentos en que uno puede perderse, también me parece que incluyes demasiados personajes incidentales para un relato tan corto, lo cual también confunde un poco. No te intimides, estamos todos aquí para aprender un poco. Nos seguimos leyendo, saludos.

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